miércoles, 4 de noviembre de 2009


Saca la mano, Liantonio...


Hace algunos años atrás, cuando empecé a militar en el Movimiento de Unidad Popular, conocí a un grupo de personas al que acogí más que como compañeros, como amigos. Entre ellos había un pibe de barrio, de barrio humilde, del platense Gorina, que muy pronto se convirtió en mi más cercano. Emanuel Liantonio, su nombre. Un tipo sencillo, una mezcla de punkie y metalero, de risa extraña y gruesa, de una tranquilidad casi zen. Las más de las veces hablábamos poco (o, mejor, con frases cortas), la parquedad era nuestra condición común, pero compartíamos una idea, un proyecto. No necesitábamos decirnos mucho, sabíamos que éramos casi las caras de una misma moneda. Nunca nadie se me ha parecido tanto.
Compartimos cientos de cosas juntos, pegatinas de afiches, pintadas callejeras, movilizaciones, plenarios, corridas, cervezas, fiestas, disquisiciones filosóficas, políticas y hasta sentimentales. Era un tipo aún más parco que yo, pero siempre tenía la palabra, la frase justa que lo definía todo y nos dejaba sin capacidad de reacción. Un tipo en busca de algo, nunca supe qué, pero algo.
Por esas cuestiones de la vida yo me alejé de la militancia y lo vi en contadísimas ocasiones. La última fue en un recital. Estuvimos no sé cuánto, quizás dos horas, hablando de la existencia, de política, de organización popular, de anarquismo, de Perón, Bakunin y Malatesta. Entre silencio y silencio, un trago de cerveza caliente como meada. Su personalidad franca y transparente, sus ganas de hacer, sus proyectos para organizar a su querida Gorina, me hicieron querer volver a militar, para reencontrarme con tipos como él. Ahora eso ya no será posible. El domingo tomó seguramente la decisión más difícil de su corta vida, de sus 27 años. Se fue a ese lugar del que nadie regresa; no sé cómo, no sé porqué. Dejó un lugar vacío que nadie podrá ocupar, porque le pertenece para siempre; pero también dejó su memoria, que recuerda, me recuerda, que todavía hay cosas por hacer, cosas por las que luchar. Pero sobre todo, que uno no se da cuenta de lo que tiene, de lo que tenía, hasta que lo pierde. Y maldice haberse ido, haber dejado de militar o no concretar ese café de invierno que se hará moho. Maldice no haber compartido un poco más, el haberse encerrado en un pequeño, pequeñísimo mundo.
Recién me entero de su decisión, a las dos de la madrugada del miércoles 4 de noviembre, y no acabo de caer, no quisiera caer. No hay lágrimas, sólo un nudo en la garganta, en el pecho, en el estómago y un atroz cansancio en los párpados. Escribo como puedo, como me sale, casi escupiendo; imaginando el mejor homenaje para el lado A de esta moneda partida y derruida. Cinco puchos en media hora no es un homenaje, es la impotencia de no comprender por dónde pasa la vida, de no saber sus razones, sus por qué. El mejor homenaje para él será seguir peleando por lo que él peleó, por sus convicciones, por la construcción de ese mundo con el cual soñó tantas veces; seguir recordándolo como ese tipo rápido e inteligente, como ese tipo de calidez casi sobrehumana. Llevarlo como estandarte. Recordarlo como el amigo, como el hermano.
Acá te quedás, Ema, entre los vivos, entre los que te quisimos y entre los que quisiste levantar. Entre el barro, el asfalto y las precarias casitas de tu Gorina; en la bandera amarilla del MUP, en esa P gigante de Pueblo. Pero, fundamentalmente, en nuestra memoria, en nuestras almas, en nuestros corazones.
Y andá practicando, ya nos encontraremos para concretar ese desafío de pool… no sea cosa que pierdas.



4 Comentarios:

susy

Qué tristeza tan enorme! Ese jóven tal vez cumplió una misión tan importante en su corta vida que por eso partió tan temprano.
Sentido y maravillosamente escrito tu homenaje para con él. Seguí en la lucha. Mientras tus ideales sean los del bienestar del pueblo, seguramente algún día triunfarán. Yo no lo veré, pero espero que mis nietos lo puedan vivir.
Me solidarizo con tu dolor y te mando un fuerte abrazo
susy

Kokambar

Un abrazo adrian.
Genial la historieta, genial el texto. Lastima que este inspirado en algo tan triste.

Me conmovió.

Berliac

Mirá de qué forma tan triste me vengo a enterar de que sos peronista.Ahora entiendo un poco mejor la preocupación detrás de tus palabras en mi reseña de Dora.

Si fui duro en mi blog, aceptá mi disculpa.Pero mis argumentos permanecen inamovibles.

En AVcomics te agradecí, y aprovecho para hacerlo de nuevo, por haberme recomendado a Tango Reporter.Te debo una!

Saludos.

Adrián Regules

Berliac, ya te había respondido en su momento, vía e-mail, y nunca lo había hecho acá. Medio tarde lo hago (4 años después jeje).
Voy a decir lo mismo que dije aquella vez: me da mucha gracia que me confundan con un peronista, cosa que no me incomoda ni mucho menos. Sin embargo, no lo soy. Soy y tengo formación comunista libertaria, pero no soy antiperonista. Lo que pasa es que, con el tiempo, en mi formación teórica y a lo largo de mis años de militancia he asumido algunas posiciones peronistas, del peronismo obrero y revolucionario. Eso es algo que compartíamos con Emanuel, el hecho de ser libertarios pero no antiperonistas.

Respecto al análisis de Dora, mi polémica con vos no era porque le adjudicaras una filiación peronista, sino porque de la estructura analítica que adoptaste no se podía inferir esa filiación. Me parecía que forzabas el análisis por un preconcepto ideológico, jerarquizando ciertos elementos que a mí no me parecían (ni me parecen) jerarquizables, sólo porque tu hipótesis (tu preconcepto) lo requerían. Resultaba ser que como Minaverry es un autor peronista, su obra también debía serlo. A mí me sigue sin parecer una obra peronista.
Abrazo.