martes, 25 de agosto de 2009


Sucutrule


Atlético lector, sensual lectora:
La idea original para esta tira no me pertenece. El copyright es propiedad de un tipo al que conozco desde mi más tierna infancia, allá por mi primer año de vida: el ingeniero industrial, guitarra líder de Kráneo Negro, experto catador de birra, padre ejemplar y profesional del chistonto Juan Gabriel Haitzaguerre, alias Vasco.
Originariamente, la historieta era de apenas dos viñetas, pero tal estructura no me convencía, así que la cuadrupliqué. Y, además, me di el gusto de homenajear a Carlitos Balá, uno de mis humoristas argentinos favoritos (junto a Pepe Biondi, Pepe Marrone y todos los "Cha Cha Cha"). Lamentablemente, su participación propagandística en dictadura (películas, spots y personajes funcionales al discurso oficial) es una mancha imborrable en su historia y un aspecto indefendible de su vida; sin embargo, es innegable que ha sido de los mejores humoristas que han dado estas tierras. Haciendo un paralelismo, pasa algo similar a Borges, que ha sido un hombre rabiosamente gorila, egoísta y elitista, pero uno de los grandes de la literatura universal.
Por otro lado, hay una extendida confusión respecto a la palabra que Balá utilizaba junto al gesto de colocar la mano en forma de araña tras la nuca de una persona. En la mayoría de las versiones, la palabra original es "sumbudrule", pero han existido otras expresiones similares, siendo "sucutrule" la más conocida.


lunes, 17 de agosto de 2009


Carnival Fondieu 2


lunes, 3 de agosto de 2009


Década general

Historieta realizada tomando los consejos de Tristán Tzara para hacer un poema dadaísta.
Su realización tuvo el siguiente proceso:
1) Dibujé una historieta muda de 18 viñetas.
2) A cada viñeta le asigné un número.
3) Escribí esos números en papeles individuales y los introduje en una bolsa.
4) Mezclé los papeles numerados, agitando la bolsa, y fui extrayéndolos uno a uno.
4) Coloqué las viñetas en el orden en que fueron saliendo los papeles numerados, hasta completar la página. 6 viñetas fueron descartadas.
5) Tomé tres artículos de un diario y recorté palabra por palabra. Respetando, incluso, los guiones de separación silábica. Estos indicarían el fin de la palabra, aún si ésta estuviera incompleta (el guión sería parte de la misma).
6) Introduje cada palabra en una bolsa y las mezclé.
7) La extraje una a una, colocándolas en los espacios en blanco de cada viñeta.
8) Entinté la página, borré los lápices, la escaneé y la coloreé.


Azar controlado y sin sentido

He leído por ahí que el uso del sin sentido corresponde a quienes no se les cae ni una idea. Sentencia categórica si las hay. Concedamos que parte de la proposición es cierta y verificable. Sin embargo, nada es tan lineal o tan circular y cerrado como aparenta. Hay algo que se escapa en el enunciado. No siempre el sin sentido es meramente azaroso, no todo es “porque sí”. Existe lo que yo llamo azar controlado; concepto que parece la negación de sí mismo, pero que en realidad es su propio potenciador. El azar (absurdo, abstracción, sin sentido) puede responder a una elección estética o estilística, de forma si se quiere, y/o también a una elección conceptual, anclada en unas ideas o sensaciones específicas. A esta última se refiere el azar controlado. Si el azar en su formato tradicional no tiene piso ni techo, es decir, surge de la nada y puede expandirse en todas direcciones, incluso ir nuevamente hacia la nada; el azar controlado tiene un piso pero no un techo, lo que equivale a que contiene unos disparadores específicos (ideas, sensaciones) que no pretende manipular y que, de hecho, se asegura de disimular, reduciéndolos lo más posible en su "visibilidad", pero aún estando y siendo eje central oculto.
Decir que el sin sentido es no caerse ni una idea es intentar encapsular las ideas, ponerlas en una caja de lo evidente, de lo lógico, de lo supuestamente racional, de lo premasticado. Lo interesante del asunto es que las ideas, los conceptos, las sensaciones se multipliquen, se transmuten, inclusive que se hagan amorfas. Hay veces que a las cosas no hay que “entenderlas”, sino deconstruirlas o, más aún, construirlas. He ahí el secreto. Tras ciertos sin sentidos se ocultan sentidos bien definidos, entramados de significación por descubrir o crear. Es allí donde se presenta la otredad, la hacemos partícipe y creadora, juega. A menos que lo que se pretenda es que la significación corra por unos canales preestablecidos, no lineales –eso es imposible, el signo no es binario (significante-significado), sino ternario (producción-objeto-reconocimiento)–, pero más o menos predecibles aunque el abanico de posibilidades sea inmenso. Me da la impresión de que esto es lo que espera el planteamiento que dio origen a estas notas, porque pareciera querer que se le diga, por ejemplo, “casa”, y en lo posible que se agregue cuántas puertas, ventanas, habitaciones, sillas, mesas tiene, y jamás “edificio”, “edificación”, “hueco”, ninguna clase de indefinición o vaguedad, porque un edificio puede ser una casa, pero también una fábrica de alfajores. Es decir, lo que pide es seguridad y no libertad. La seguridad de lo conocido, de lo fácilmente reconocible, de lo controlable: la seguridad del preso. El sin sentido camina por otras vías, fortifica al signo, lo lleva a su más alta expresión, uno se adueña de él “libremente”, casi sin restricciones y construye la significación desde dónde quiere y puede. Con el “azar controlado” ganan en expresividad, en sensación, en conceptualización tanto quien produce como quien reconoce. No todo es mera forma, no todo entra sólo por los ojos. Azar controlado, sin sentido más aparente que real.
Ahora, la valoración de las cosas, la calidad (concepto tan discutible como otros), corre por otro lado. Y si se logra dotar de libertad a la significación o se queda sólo en la forma es otro tema muy distinto. Uno tiene la intención de liberarlo, pero de la intención al hecho hay casi un abismo.