lunes, 30 de noviembre de 2009


Enulfo Rey - Calor de verano


sábado, 21 de noviembre de 2009


La felicidá


lunes, 16 de noviembre de 2009


Superjirous


Hace algunos años (en 2006 o 2007, ya no recuerdo), a unos compañeros de facultad se les había ocurrido un proyecto que quedó suspendido y que jamás se retomó. Se trataba de una serie de cromos, tarjetas, separadores y pines con versiones de superhéroes alternativos y de los convencionales, desde Batman al Chapulín Colorado, pasando por Aquaman, Super Ratón, Pilusman (personalidad superheróica del Capitán Piluso), etc. Uno de esos muchachos me conocía y sabía que dibujaba, así que me encargó unas muestras (obviamente no fui el único dibujante convocado). Yo medio que me había entusiasmado y todo, pero, como no podía ser de otra manera, tiempo después surgieron algunos inconvenientes y quedó todo en el aire.
Bueno, acá vemos los dos únicos dibujos que conservo (los demás desaparecieron a manos de un desconocido, junto a mi antigua computadora). Son las versiones de Rata-man, esa hermosa parodia de Batman que Félix Saborido supo hacer para la vieja Capicúa, y del Hombre Neumático, personaje secundario de "El Capitán Supositorio", genial historieta del amigo Kokambar. Bah, en realidad el Hombre Neumático nunca fue parte de la serie, lo hice medio porque sí, bastante tiempo después que la primer camada (en 2009), porque me gustaba el personaje. Más tarde formó parte de El Capitán Supositorio Volumen II.


martes, 10 de noviembre de 2009


Carnival Fondieu 3



Ríe


Pagina perteneciente a El pato enjabonado, mi anteúltimo proyecto de fanzine en solitario, el cual jamás edité. En él predominaban el dibujo y la historieta, pero también incluía algunos textos de mi autoría. El que figura acá llevaba el título de "Mandioca", pero, a la hora de diseñar el fanzine, decidí suprimirlo.
A propósito del texto aquí inserto, debo decir que en mi escritura suelo inventar palabras y estructuras oracionales, a veces como meros juegos sonoros, a veces como juegos conceptuales y simbólicos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009


Saca la mano, Liantonio...


Hace algunos años atrás, cuando empecé a militar en el Movimiento de Unidad Popular, conocí a un grupo de personas al que acogí más que como compañeros, como amigos. Entre ellos había un pibe de barrio, de barrio humilde, del platense Gorina, que muy pronto se convirtió en mi más cercano. Emanuel Liantonio, su nombre. Un tipo sencillo, una mezcla de punkie y metalero, de risa extraña y gruesa, de una tranquilidad casi zen. Las más de las veces hablábamos poco (o, mejor, con frases cortas), la parquedad era nuestra condición común, pero compartíamos una idea, un proyecto. No necesitábamos decirnos mucho, sabíamos que éramos casi las caras de una misma moneda. Nunca nadie se me ha parecido tanto.
Compartimos cientos de cosas juntos, pegatinas de afiches, pintadas callejeras, movilizaciones, plenarios, corridas, cervezas, fiestas, disquisiciones filosóficas, políticas y hasta sentimentales. Era un tipo aún más parco que yo, pero siempre tenía la palabra, la frase justa que lo definía todo y nos dejaba sin capacidad de reacción. Un tipo en busca de algo, nunca supe qué, pero algo.
Por esas cuestiones de la vida yo me alejé de la militancia y lo vi en contadísimas ocasiones. La última fue en un recital. Estuvimos no sé cuánto, quizás dos horas, hablando de la existencia, de política, de organización popular, de anarquismo, de Perón, Bakunin y Malatesta. Entre silencio y silencio, un trago de cerveza caliente como meada. Su personalidad franca y transparente, sus ganas de hacer, sus proyectos para organizar a su querida Gorina, me hicieron querer volver a militar, para reencontrarme con tipos como él. Ahora eso ya no será posible. El domingo tomó seguramente la decisión más difícil de su corta vida, de sus 27 años. Se fue a ese lugar del que nadie regresa; no sé cómo, no sé porqué. Dejó un lugar vacío que nadie podrá ocupar, porque le pertenece para siempre; pero también dejó su memoria, que recuerda, me recuerda, que todavía hay cosas por hacer, cosas por las que luchar. Pero sobre todo, que uno no se da cuenta de lo que tiene, de lo que tenía, hasta que lo pierde. Y maldice haberse ido, haber dejado de militar o no concretar ese café de invierno que se hará moho. Maldice no haber compartido un poco más, el haberse encerrado en un pequeño, pequeñísimo mundo.
Recién me entero de su decisión, a las dos de la madrugada del miércoles 4 de noviembre, y no acabo de caer, no quisiera caer. No hay lágrimas, sólo un nudo en la garganta, en el pecho, en el estómago y un atroz cansancio en los párpados. Escribo como puedo, como me sale, casi escupiendo; imaginando el mejor homenaje para el lado A de esta moneda partida y derruida. Cinco puchos en media hora no es un homenaje, es la impotencia de no comprender por dónde pasa la vida, de no saber sus razones, sus por qué. El mejor homenaje para él será seguir peleando por lo que él peleó, por sus convicciones, por la construcción de ese mundo con el cual soñó tantas veces; seguir recordándolo como ese tipo rápido e inteligente, como ese tipo de calidez casi sobrehumana. Llevarlo como estandarte. Recordarlo como el amigo, como el hermano.
Acá te quedás, Ema, entre los vivos, entre los que te quisimos y entre los que quisiste levantar. Entre el barro, el asfalto y las precarias casitas de tu Gorina; en la bandera amarilla del MUP, en esa P gigante de Pueblo. Pero, fundamentalmente, en nuestra memoria, en nuestras almas, en nuestros corazones.
Y andá practicando, ya nos encontraremos para concretar ese desafío de pool… no sea cosa que pierdas.